Nuevos iconos del espacio interior. José Marín Medina. MUSEO ARTE CONTEMPORÁNEO DE TARRAGONA.

Basculando entre objetos encontrados (embalajes diversos, tuberías y sumideros industriales), elementos mobiliares de transparencia constructiva (mesitas, taburetes, escaleras de mano, armarios roperos y otros muebles practicables) e iconos del imaginario pop (fotografías de carácter publicitario sobre “composiciones de supermercado” representando picadillos de carne, despojos de aves de corral y otros motivos alimentarios, así como sobre temática floral de “casa y jardín”), Javier Muro viene reformulando ahora su práctica de la escultura. Lo está haciendo combinando principios objetuales, estructurales y figurativos de fuentes diferentes, pero refiriéndolos de manera conjunta y prioritaria a los dominios de un elemento plástico que constituye para él una base y una constante fundamental de todo su proceso: el espacio interior.

En efecto, desde sus inicios -cuando nuestro escultor fundía en aluminio (vibrado y pulido) botellas, cuencos y juegos de copas, que le merecieron su primer reconocimiento en la comunidad artística-, a Javier Muro le ha interesado siempre resaltar la peculiaridad de la densidad, pesantez y valores masivos o corpóreos del espacio interno o “vacío” que comprenden y delimitan las conformaciones de esos mismos “objetos huecos” que él utiliza como modelos, imprimiéndoles además un sentido o intención más o menos metafórica. Ahora bien, a renglón seguido, Javier Muro ha ampliado su atención al ámbito de ese otro espacio interior -preferentemente transparente- característico de las estructuras tectónicas y de las composiciones constructivistas de ciertos muebles. Y, más recientemente, ha dado un nuevo paso hacia adelante para subrayar el valor escultórico -es decir, tridimensional o “locativo